Alguna gente desarrolla diversos tipos de aficiones y algunos otros nacen predestinados a hacer algo en su vida. Eduardo pertenece a este último grupo. Los animales han marcado su vida en todos los aspectos casi desde su nacimiento. De hecho, basta hablar con su madre o visitar el álbum de familia para darse cuenta de ello. En todas sus fotos de infancia aparecen animales acompañándolo. Ya a los 3 años, Eduardo consiguió que su madre le comprara un pichón de paloma que entrenó de una manera asombrosa consiguiendo que la paloma saliera de paseo por todos lados en su hombro o que por ejemplo los domingos cuando la familia iba a misa, el palomo los acompañara y esperara al final de la misa en una ventana de la iglesia para volver a casa con el resto de la familia.
A los 5 años Esther le consiguió una pareja de canarios (craso error por su parte) que tras ser colocados en una jaula de cría con sus correspondientes nidos y demás equipamiento, demostraron ser dos hembras. Lorenzo (su padre) aprovechando un viaje de empresa a Italia se trajo de allí a Macarroni, un flamante macho que le llamó la atención por sus dotes de cantor en un puesto ambulante en las calles de Milán. Ambos no sabían lo que hacían en aquel momento potenciando la innata vocación de Eduardo por el mundo de las aves.
A la edad de 5 años, la familia decidió trasladarse del céntrico piso donde vivían en Vitoria, a un chalet en un pueblo de las afueras (Berrosteguieta) que al contar con un jardín de casi 3.000 m2 hizo posibles todos los sueños de nuestro protagonista.
En las navidades del año 72, cuando Eduardo contaba con 7 años de edad, los reyes le trajeron como regalo una pajarera en el jardín de 9m2 con lo que la colección de animales empezó a crecer como la espuma, constando entonces de especies comunes al alcance de las pagas de los domingos de un niño de esta edad, pero ya empezó a criar palomas, faisanes, periquitos, y algunas especies de la fauna local que él iba reuniendo como podía, como codornices de campo, perdices rojas, camachuelos comunes, verderones, y un largísimo sin fin de especies.
Eduardo fue creciendo y con él su afición a las aves y la colección de su jardín. A aquella primera pajarera le siguió otra, y otra, y otra, hasta que la familia tuvo que poner freno a esta historia aunque ya demasiado tarde. Para terminar con esta invasión aviar de la casa familiar se asignaron una habitación dentro de la casa y una zona del jardín de las que tuvo que prometer no salir con las aves, cosa que se cumplió hasta la llegada a la familia de Maya y Willie, sus primeras avestruces de cuello rojo y que evidentemente no cabían en el pequeño rincón ocupado por el resto de las aves. En esta época la colección ya contaba con especies mucho más interesantes y raras aunque muy enfocadas al mundo de los faisanes y perdices sin por ello desdeñar otras como las palomas o los papagayos.
Entre tanto, Eduardo simultaneó el cuidado de su propia colección de aves con otras muchas actividades relacionadas siempre con las aves, como por ejemplo la creación del Museo de Ciencias Naturales de Vitoria, participación en el Grupo de ornitología del departamento de Vertebrados del Instituto Alavés de la Naturaleza, Creación de la asociación de criadores de aves Aviornis Ibérica Internacional en la que fue redactor de la revista durante varios años, Colaboración con el Centro de Recuperación de Especies Protegidas de Mártioda (Álava), participación en diversos programas de educación sobre la naturaleza promovidos por la Excma. Diputación Foral de Alava, viajes para visitar algunos de los mejores centros de cría de aves de todo el mundo, etc...
En el año 94 un gravísimo problema laboral obligó a Eduardo a deshacerse de su adorada colección de aves, dejándolo en una situación realmente terrible.
Al año siguiente conoció al que más tarde sería su socio Luis Alberto San Juan junto al que empezó el proyecto que se dio en llamar GRANJA EXPERIMENTAL GAZTELU S.A.L. consistente en un pequeño criadero de papagayos con unas 60 parejas de estas aves, así como el proyecto de construir un zoológico cerca de Vitoria. Desgraciadamente, se adquirieron demasiadas aves para los escasos ingresos que la empresa producía y esto unido al hecho de que Vitoria cuenta con un clima horroroso que obliga a poner calefacción a los animales lo que aumenta mucho el costo de construcción de aviarios y de mantenimiento, hizo que la empresa resultara no viable y hubiera que decidir interrumpir su actividad.
Afortunadamente y por aquellas cosas del destino, justo en estos terribles momentos, apareció en su vida Barry James, un empresario inglés afincado en Marbella que teniendo también una gran afición por las aves, decidió comprar a través de Eduardo unas parejas de guacamayos jacintos provenientes de Birds International Incorporated en Manila (Filipinas)
Estas aves fueron importadas en instaladas en el Jardín de Barry, pero demostraron ser muy ruidosas y sus vecinos muy poco tolerantes por lo que Eduardo tuvo que llevarse las aves de vuelta para Vitoria. Al año siguiente, y dado que Barry seguía sin satisfacer sus ganas de mantener estas fantásticas aves, Eduardo decidió aceptar la propuesta de Barry de vivir en Estepona y montar juntos un criadero de papagayos que ahora se llama BLUE MACAWS ESPAÑA S.L, desde entonces y hasta la actualidad, Blue Macaws ha criado y distribuido más de 600 polluelos de la gran multitud de especies diferentes que se encuentran en la granja, y es su deseo seguir ilusionando y gratificando a familias y amantes de los animales que confían en su experiencia a la hora de adquirir una mascota para toda la vida.

